Archivo de la categoría ‘Libros’

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Estas son las lecciones de física que impartí durante los dos últimos años a los estudiantes de primero y segundo curso en el Caltech. Las lecciones no se han reproducido, por supuesto, de forma literal, sino que han sido revisadas, unas veces con gran extensión y otras con menos. Las lecciones constituyen sólo una parte del curso completo. Los 180 estudiantes del grupo se reunían en un aula grande dos veces por semana para asistir a estas lecciones y luego se dividían en grupos pequeños de 15 a 20 estudiantes en sesiones de repaso bajo la guía de un profesor ayudante. Además, había una sesión de laboratorio una vez a la semana.

Richard Feynman, Seis Piezas Fáciles

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Hace siete años que vengo a este hotel y cada año encuentro una nueva mejora. Primero quitó usted las moscas de la cocina y se las llevó al comedor. Después las quitó usted del comedor y se las llevó a la sala. Y el otro día las sacó usted de la sala y se las llevó de paseo, al campo, en donde, por fin, las pudo usted dar esquinazo… ¡Fue magnífico! Luego puso usted la calefacción… Después suprimió usted aquella carne de membrillo que hacía su hija… Ahora el teléfono… De una fonda de segundo orden ha hecho usted un hotel confortable… Y los precios siguen siendo económicos… ¡Esto supone la ruina, don Rosario…!

Miguel Mihura, Tres Sombreros de Copa

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Marte estaba vacío antes de que llegáramos. Esto no significa que nunca hubiera sucedido nada. El planeta había conocido dilataciones, fusiones, perturbaciones, y al fin se había enfriado, dejando una superficie marcada por inmensas cicatrices geológicas: cráteres, cañones, volcanes. Pero todo eso ocurrió en la inconsciencia mineral, sin que nadie lo observara. No hubo testigos, excepto nosotros, que mirábamos desde el planeta vecino, y eso sólo en el último momento de una larga historia. Marte no ha tenido nunca otra conciencia que nosotros.

Kim Stanley Robinson, Marte Rojo

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1. Parada en Erhenrang

 
De los archivos de Hain. Transcripción del documento Gueden-01-01101-934-2. Al estable en Ollul: Informe de Genly Ai, primer móvil en Invierno/Gueden. Ciclo haini 93. Año ecuménico 1490-97.
 
Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación. El más cierto de los episodios puede perderse en el estilo del relato, o quizá dominarlo; como esas extrañas joyas orgánicas de nuestros océanos, que si las usa una determinada mujer brillan cada día más, y en otras en cambio se empañan y deshacen en polvo. Los hechos no son más sólidos, coherentes, categóricos y reales que esas mismas perlas; pero tanto los hechos como las perlas son de naturaleza sensible.

Ursula K. Leguin, La Mano Izquierda de la Oscuridad

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Había una vez un individuo que estuvo todo el día sacándose piojos del pelo. El médico le dijo que no había ningún insecto en su cabello. Se duchó durante ocho horas seguidas, soportando el agua caliente hora tras hora y sufriendo el picor de los animalitos. Luego salió de la ducha, se secó… y los piojos seguían en su pelo. En realidad los tenía por todo el cuerpo. Al cabo de un mes los piojos invadieron sus pulmones.

 
No teniendo otra cosa que hacer o pensar, empezó a estudiar teóricamente el ciclo vital de los piojos y, con ayuda de la Enciclopedia Británica, trató de averiguar qué tipo concreto de insectos era el que le atormentaba. Su casa ya estaba llena de ellos. Se documentó sobre los numerosos tipos existentes, y finalmente advirtió que también había piojos fuera de la casa, por lo que determinó que se trataba de áfidos. Y no cambió jamás de idea, por mucho que otras gentes le dijeran cosas como que «los áfidos no pican a las personas».

Philip. K. Dick, Una Mirada a la Oscuridad

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Paul Durham abrió los ojos, parpadeando ante el brillo inesperado de la habitación, luego con parsimonia alargó una mano para colocarla en la zona de luz solar al borde de la cama. Las motas de polvo danzaban por el eje de luz que entraba inclinado desde una abertura en las cortinas, con cada mota aparentemente apareciendo y desapareciendo desde el punto de vista del mundo… trayéndole recuerdos de la infancia referidos a la última vez que encontró esa ilusión tan atractiva, tan hipnótica: Estaba en la puerta de la cocina, la luz de la tarde dividía la habitación; el polvo, la harina y el vapor se revolvían en el plano del aire brillante. Durante un momento de ensoñación, todavía intentando despertar, ser él mismo, ordenar su vida, parecía tener mucho sentido colocar esos dos fragmentos uno al lado del otro -observar motas de polvo iluminadas por el sol con cuarenta años de diferencia- tanto como seguir el flujo ordinario del tiempo de un instante al siguiente. Luego se despertó un poco más y la confusión pasó.

Greg Egan, Ciudad Permutación

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Y nosotros, aquí en Wyzima, esperamos a que suceda un milagro, echamos el cerrojo a las puertas cada luna llena o atamos a los criminales a un palo delante del alcázar, contando con que la bestia se los coma y vuelva a su tumba.
- No es un mal método -sonrió el brujo- ¿Se ha reducido la criminalidad?
- Ni pizca.

Andrzej Sapkowski, El Último Deseo

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Le dan muchos nombres: “La Crisis,” “Los Años Oscuros,” “La Plaga que Camina,” y también nombres más nuevos y de moda como “Guerra Mundial Z” o “Primera Guerra Z.” En lo personal me disgusta ese último título, pues sugiere una inevitable “Segunda Guerra Z.”

Max Brooks, Guerra Mundial Z

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Es duro ser amable mientras luchas por tu vida, incluso cuando tu vida no vale gran cosa. Incluso cuando no eres más que un trozo de barro.

Gente de Barro, David Brin

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No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mensajeros o exploradores.

Italo Calvino, Ciudades Invisibles

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